Faustine Cros: 'Una vida como cualquier otra'

Faustine Cros: «Comprendiendo a mi madre puedo construirme a mí misma»

Fotografía tomada por Gonzalo Hurtado
DocsBarcelona estrena en España «Una vida como cualquier otra». Charlamos con la directora Faustine Cros sobre la búsqueda de libertad en la maternidad, el derecho a decidir sobre nuestra imagen, la importancia de la representación y los desafíos a los que se enfrentan las mujeres en la industria cinematográfica.

DocsBarcelona estrena este mes de junio en diversas salas de España el documental Una vida como cualquier otra (Une vie comme une autre) de Faustine Cros (Bélgica, 1988), dentro del ciclo Docs del mes. Entrevistamos a la directora belga sobre esta bellísima película que, a través de la disección de lo íntimo, indaga en el pasado de la vida familiar para desentrañar la profunda tristeza con la que la madre de la directora tuvo que lidiar después de la maternidad.

Se trata del primer largometraje de Cros como directora tras la gran acogida que tuvo La Détesteuse, película con la que se graduó en montaje por el Institut Supérieur des Arts, en Bélgica. En esta ocasión, Faustine revisa con ojo crítico las cintas grabadas por su padre durante años de su infancia, y compara esa realidad con la que ella percibe desde su propio objetivo.

En la película trabajas con una gran cantidad de material de archivo fílmico de tu vida familiar y cotidiana. ¿Qué era la intimidad para tu madre, para tu hermano y para ti en unas circunstancias tan especiales? ¿Cómo se decide lo que queda fuera de campo, lo que no puede grabarse?

Me crié con mi padre, que era cineasta, y mi abuelo antes de él también lo era, por lo que esta cuestión de filmar la vida íntima ha estado arraigada en mi familia durante generaciones. La presencia de la cámara era algo naturalizado. No tenía un concepto de lo que debía o no debía ser grabado, era casi como una extremidad más de mi padre. Sin embargo, más adelante, cuando crecí, me di cuenta de que, de alguna manera, interioricé ese disconfort, pero no lo entendía como tal. Era simplemente lo que debíamos hacer como familia, ser filmados.

Ahora, si en algún momento tengo hijos, nunca les impondré filmarlos todo el tiempo. Es muy molesto, te hace disociar constantemente y ser hiperconsciente de todo cuanto haces para repetirlo delante de la cámara. Condiciona todo lo que dices, porque eres consciente de que te están grabando, y es muy perturbador no saber hasta qué punto esos son tus recuerdos de infancia o cosas que hiciste para la cámara cuando eras niña. Creo que me perdí en todo aquello.

¿Esas cintas de vídeo que grababa tu padre permanecieron en el ámbito privado? ¿Las llegó a ver gente externa a la familia?

Las cintas de vídeo eran privadas, para uso familiar. Las veíamos de vez en cuando, pero nunca fue la intención que saliesen a la luz. Sin embargo, siempre hubo cierta ambigüedad, porque mi padre sabía filmar de un modo cinematográfico. Ahora está orgulloso de que sus imágenes hayan pasado a la gran pantalla [risas].

Más tarde, cuando comenzó a rodar la película sobre el año 2000, estaba destinada a ser un documental para la televisión, pero el proyecto nunca llegó a terminarse porque tuvo dificultades para encontrarle sentido y coincidió, además, con la crisis de mi madre en la nevera. La familia estaba atravesando una etapa muy complicada. Es extraño, porque esas imágenes que grabó para el documental tienen el mismo aspecto que las anteriores, excepto tal vez porque estábamos microfonados, pero para mi padre era algo completamente diferente. Las cintas que grababa antes eran eso, vídeos caseros, y en cambio ahora estaba rodando una película.

Faustine Cros: «Si en algún momento tengo hijos, nunca les impondré filmarlos todo el tiempo. Te hace disociar constantemente y ser hiperconsciente de todo cuanto haces para repetirlo delante de la cámara. Es muy perturbador no saber hasta qué punto esos son tus recuerdos de infancia.»

Tu padre dice en el documental que os filmaba con mucha frecuencia porque no quería que se le escapasen los recuerdos. ¿Crees que filmar nos hace acercarnos o distanciarnos de aquello que ocurre alrededor?

Depende del caso. Para mi padre, después de una fase de vivir muchos momentos felices, se convirtió en un mecanismo de evasión, una vía para entender o quizás protegerse de lo que estaba ocurriendo, utilizando la cámara como escudo. Detrás de ella puede hacer zoom, se vuelve invisible en su propia mente, hasta el punto en que mi madre está literalmente gritando en la nevera y él continúa filmándola. Esa situación me parecía insoportable, yo quería con todas mis fuerzas que dejase de grabar y volviera a la vida.

Esto me influyó cuando empecé a filmarme a mí misma, para evitar distanciarme de la realidad y no reproducir el método no intervencionista de mi padre. Quería que el rodaje se convirtiera en una oportunidad de compartir un momento juntos. Por ese motivo también empecé a aparecer en las imágenes y a convertirme en un personaje más de la historia, que intenta filmar después de él y aprende una nueva forma de hacerlo, estando presente en la vida y no por encima de ella.

Valérie, tumbada sobre el sofá de la casa familiar.

La casa se convirtió en un personaje, las actividades rutinarias que hacían mis padres pasaron a formar parte de la historia. Mi madre siempre está dentro, en la oscuridad de la casa, sentada en el sofá. Mi padre, por el contrario, siempre subido al tejado, hiperactivo. El hecho de colocar la cámara y captar nuestra vida cotidiana juntos era, para mí, una mirada más sincera sobre nuestra realidad.

Faustine Cros: «Quería que el rodaje se convirtiera en una oportunidad de compartir un momento juntos. Intenté aprender una nueva forma de filmar estando presente en la vida, no por encima de ella.»

Me suscita mucha curiosidad saber si volvéis a esas cintas a menudo, con cuánta frecuencia las revisitáis y si, efectivamente, sentís que habéis conseguido retener momentos felices.

Creo que mi padre volvía a verlas con frecuencia, porque nos grabó durante el transcurso de diez años y descubrí que había ido catalogando las cintas, poniéndoles un título para describir su contenido. Filmaba mucho, pero también creo que elegía concienzudamente aquello que quería filmar porque intuía que podían ser buenos recuerdos.

Esta suerte de «diario audiovisual» suyo era para él una forma de capturar su paternidad, la inmensa alegría que fue para él tener hijos. En su punto de vista, mi madre se encontraba en un segundo plano.

La realización de Una vida como cualquier otra ha sido un viaje al encuentro de tu madre. ¿En qué punto vital crees que las hijas comenzamos a hacer ese ejercicio tan importante de empatía hacia nuestras madres? ¿Qué vivencias de la adultez te han conectado más a ella?

Supongo que depende de cada persona, pero el shock que me hizo replantearme toda mi infancia y mi relación con mi madre fue su intento de suicidio. Yo sabía que estaba deprimida, que no estaba bien, pero en ese momento fue cuando verdaderamente me di de bruces con la realidad. El proceso de hacer la película, explorar todo por lo que había pasado mi madre fue necesario para mi viaje personal, para crecer y convertirme en una mujer. Si la comprendo a ella, puedo construirme a mí misma a partir de lo que ella vivió.

Faustine junto a su madre, Valérie, en una cinta de vídeo casera.

Por otro lado, debido a que estaba tan inmersa en el proyecto que era imposible disociarlo de mi vida, me di cuenta de que existían problemas a nivel estructural y muchas injusticias que pasaban desapercibidas en aquel entonces. Valérie se sentía muy sola y desatendida. No encontraba un lugar en el cual pudiera ser escuchada ni en la sociedad ni en el modo en que mi padre la filmaba.

Todo esto me ayudó a ver las cosas con distancia y reconciliarme con nuestra relación conflictiva, porque de niña no podía imaginar por lo que estaba pasando. Actualmente, el mundo sigue siendo igual de crudo para las mujeres, y eso me llevó a pensar que la lucha de mi madre todavía es relevante hoy en día. Nos reconciliamos de esa manera, a partir de la comprensión mutua.

Faustine Cros: «Explorar las vivencias de mi madre fue necesario para mi propio viaje personal, para crecer y convertirme en una mujer. Si la comprendo a ella, puedo construirme a mí misma.»

Has descrito en varias ocasiones a Valérie como una artista muy completa. ¿Crees que a ella le hubiera gustado abandonar su papel de musa por un tiempo y colocarse detrás de la cámara?

Creo que no le interesaba la cámara. A lo largo de la realización del documental, se la ofrecí varias veces para que grabase sus propias tomas, pero no está realmente interesada en ello. Su forma de expresarse va más ligada a lo performático. Podría haber sido actriz o humorista [risas].

De hecho, se inventó un alter ego a quien representar en vuestros pequeños teatrillos, la Valère, una bruja malvada y rocambolesca. ¿Qué crees que pueden aportarnos estos procesos performáticos o de autorrepresentación?

Para ella era una catarsis, un modo de recuperar el control de su vida de una forma lúdica. Es de una violencia extrema ser filmada cuando se está atravesando un momento vital tan difícil. Se debe hacer con sumo cuidado y consentimiento. Mi madre también trataba de equilibrar una descompensación, de sentirse con más poder sobre su propia imagen.

Esto mismo es lo que tratamos de hacer en el documental. Filmé la vida de mis padres durante cinco años. Al principio ella no se sentía muy cómoda conmigo grabando, y lo comprendí perfectamente. Con el tiempo, se fue dando cuenta de que yo no pretendía replicar en absoluto los métodos de mi padre, sino que estaba probando algo nuevo. Buscaba que reinventásemos juntas la forma de utilizar la cámara en casa. Ella sabía que yo no juzgaba y por eso confiaba en mí. Realmente creo que conseguimos reconquistar nuestra propia imagen del modo en que la queríamos mostrar.

Valérie, de joven, ejerciendo su trabajo de maquilladora.

Te he escuchado decir que es especialmente complicado hacer una película sobre tu propia familia. ¿Ha supuesto para ti un esfuerzo exponer parte de la intimidad familiar en el documental? ¿Has tenido dilemas éticos al respecto?

Uno de los aspectos más importantes para mí fue adaptar el rodaje a sus vidas y no al revés. Cada día, les preguntaba: «¿Qué vais a hacer hoy? ¿A qué hora? ¿Puedo venir con la cámara?». Nunca planificamos una puesta en escena para la cámara, salvo la última escena del documental. Yo no buscaba algo en particular, no tenía ninguna idea preconcebida ni intentaba extraer algo concreto de ella, simplemente quería pasar tiempo a su lado y filmarlo.

También quise evitar señalar víctimas y culpables en la historia, no quería caer en eso. Me interesaba la complejidad de la situación y las preguntas que de ella pudieran derivarse, porque además esto permite una interacción mayor con el espectador, quien se lleva esas preguntas a casa y reflexiona sobre su propia vida, sobre los puntos de contacto de ésta con el filme.

Por último, como teníamos tanto material de archivo, me preocupaba que la película resultase artificiosa, quería prescindir del efectismo y las florituras para que el resultado permaneciese sencillo y directo. Era vital que mi madre fuese el centro de la historia y no quería que, de algún modo, la película volviese a hacerla sentir enjaulada. Quería que fuese más bien una liberación para ella.

Faustine Cros: «Es de una violencia extrema ser filmada cuando se está atravesando un momento vital tan difícil. Se debe hacer con sumo cuidado y consentimiento.»

En relación con la pregunta anterior, ¿qué autoras o cineastas te parecen especialmente generosas compartiendo sus vivencias íntimas? ¿Cómo han influenciado tu visión sobre el mundo?

Me viene a la mente la película Time Indefinit, de Ross Mcelwee, un cineasta norteamericano que vuelve su mirada hacia lo íntimo para, poco a poco, diseccionar todo aquello que es político en su vida diaria. Es un proceso largo, de años y años. Aunque, por supuesto, primero debería mencionar a Chantal Akerman, quien fue una gran inspiración para mí. También Agnès Varda, sobre todo sus documentales. Otra directora a quien admiro es Naomi Kawase. Alain Cavalier, un documentalista francés. Y luego tenemos a artistas de otras disciplinas, a Louise Bourgeois… escultores, músicos que siguen ese mismo patrón. Lana del Rey, por ejemplo [risas]. Me conmueven profundamente ese tipo de expresiones artísticas porque se trata de hablar desde un lugar que el artista conoce bien.

Woven child, Louise Bourgeois,

Estamos asistiendo a una nueva ola en el cine y en el arte en general que revaloriza las historias personales y tiende a la introspección individual. Esta clase de relatos se han vuelto muy populares en los últimos años, y a menudo son asociados con la autoría femenina. ¿Encuentras útiles este tipo de aproximaciones, aunque puedan resultar similares a otras obras anteriores?

Me parece que tienen una gran importancia. No es relevante únicamente para las mujeres, es relevante para cualquier persona que sienta que no tiene un lugar en la sociedad, o que debe luchar para sentirse aceptada. Es una cuestión de representación. Si mi padre hubiera estado en contacto o bajo la influencia de todo lo que vemos hoy en día sobre las madres que se dedican exclusivamente al cuidado de sus hijos y las renuncias que se ven obligadas a hacer, estoy convencida de que se hubiera sensibilizado más con el tema y hubiera podido entender mejor la complejidad de la situación, humanizando a mi madre. Quizás entonces nos habría filmado de una forma diferente, porque pensaría de forma diferente.

Lo mismo se puede aplicar a mi madre. Para las mujeres es incluso más necesario, porque estas propuestas invitan a reflexionar sobre un sentimiento propio y a contrastarlo con el de otra persona. Así se crea toda una red en la que nos podemos sentir conectadas y acompañadas.

¿Estarías abierta a trabajar este tipo de temáticas desde la ficción? 

Sí, me atrae el cine en toda su diversidad y no concibo una diferenciación entre sus distintas expresiones. En esta ocasión hice un documental por la cantidad de archivo fílmico preexistente con el que contaba y que pertenecía al pasado, por lo que tenía sentido explorar una vía documental para cuestionar lo que mi padre era o no capaz de ver detrás de su objetivo. Actualmente estoy trabajando en una película de ficción, y esas cuestiones continúan estando muy presentes. Así que supongo que el enfoque depende simplemente de lo que demande cada historia.

En tu trabajo subyace un gran interés por la libertad femenina y el deseo, a veces frustrado, de emancipación. ¿Te sientes plenamente libre?

La libertad es un concepto tramposo. Es más un ideal al que tendemos. ¿Somos libres en algún momento? Incluso en el plano filosófico, no estoy segura. Hay muchas desigualdades, traumas que nos pesan… Estamos atrapados en este planeta, se podría entender como una cárcel. Como humanos, creo que somos prisioneros de la condición humana e intentamos escapar de ella.

Valérie charla con Faustine sobre las tareas del hogar.

Como joven cineasta, ¿sientes que pesan ciertas imposiciones sobre ti? O desde tu perspectiva como mujer.

Sí, lo siento así. Creo que lo tenemos más complicado. Existen todavía muchos problemas en la industria del cine y queda un largo camino por recorrer. Incluso en Bélgica hay un sexismo arraigado, y todo el sistema de financiación de las películas es muy hostil. Como artista, dependes de las comisiones y del juicio ajeno sobre tu trabajo. Todavía siento que es complicado hacerme un hueco en la industria, a pesar de que ya he realizado mi primer largometraje. Quizás esta inseguridad desaparezca cuando ya haya realizado cinco o seis, pero no sé si llegaré a tanto [risas].

¿Qué más se me impone? Quizás ahora menos, pero hubo ocasiones en las que tenía la sensación de que ciertas personas no me veían capaz de realizar esta película. Opinaban que la historia carecía de interés. No era un ambiente amable. Esto está cambiando, lo cual es positivo. En Francia está resurgiendo el movimiento #MeToo, una nueva ola que denuncia públicamente los abusos que sufren mujeres y niños en los rodajes. Aún así, en estas circunstancias, sigue siendo complicado sentirse escuchada y reconocida.

Faustine Cros: «Queda un largo camino por recorrer en la industria del cine. Incluso en Bélgica hay un sexismo arraigado. Todavía siento que es complicado hacerme un hueco, a pesar de haber realizado ya mi primer largometraje.»

¿A qué grandes retos crees que se enfrentan las mujeres hoy en día en lo relativo a la salud mental?

Tal vez a otras personas no les preocupe tanto como a mí, pero bajo mi perspectiva la independencia económica es clave. ¿Cómo no empobrecerse como mujer al casarse, al afrontar la vida familiar? Ese conflicto es el que veo en mi madre. Quizás si tuviese más dinero, ella se habría ido a alguna parte, pero no tiene los medios para hacerlo ni tampoco un sitio al que ir. Por ese motivo es esencial para mí no depender de nadie más en este sentido.

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